La venta de los puertos panameños, un nuevo pulso geopolítico entre Washington y Pekín

La
decisión del gigante hongkonés CK Hutchison de vender al fondo estadounidense
BlackRock sus puertos del Canal de Panamá ha sentado mal en Pekín, cuyos gestos
sugieren que trata de frenar la operación o, al menos, lanzar un aviso a
navegantes para que otras empresas no sigan el mismo rumbo.
Medios
como el periódico estadounidense Wall Street Journal aseguraron recientemente
que la venta -con la que el conglomerado podría generar ingresos en efectivo de
19.000 millones de dólares- ha «enfurecido» al presidente chino, Xi Jinping,
quien considera que va «en contra de los intereses» de la nación.
No
en vano, el acuerdo ha vuelto a poner de manifiesto la escalada de tensiones
geopolíticas entre Washington y Pekín: el trato implicaría para el gigante
asiático perder influencia en un enclave fundamental para el comercio global
tras las presiones de EE.UU.
La
operación se produjo tras meses de amenazas del presidente estadounidense,
Donald Trump, de «recuperar» el canal -comprado y construido por los
estadounidenses a inicios del siglo XX y devuelto a Panamá en 1999- bajo el
argumento de que se debe evitar que China aumente sus intereses e influencia en
la región.
En
respuesta, las autoridades chinas habrían iniciado una investigación para
evitar la transacción, según la agencia Bloomberg, y varios organismos,
incluida la Administración Estatal de Regulación del Mercado, habrían recibido
«instrucciones» de altos funcionarios para que busquen «posibles violaciones
relacionadas con la seguridad» o infracciones de las normas antimonopolio.
Y
en medio de todo, el conglomerado CK Hutchison, valorado actualmente en unos
23.213 millones de dólares (21.745 millones de euros), que ha desligado las
presiones de Trump de la venta, con la que la gestora BlackRock adquirirá el 90
% de sus participaciones en los puertos panameños de Balboa, el segundo con más
movimiento de contenedores del país, y el de Cristóbal, el quinto en la lista.
El
grupo es propiedad de Li Ka-shing, quien a sus 96 años sigue siendo considerado
como el hombre más rico de la antigua colonia británica, el octavo de Asia y el
número 38 del mundo gracias a una fortuna estimada en unos 38.300 millones de
dólares por la revista Forbes.
«Resistir
a la presión»
Por
el momento, China ha mostrado su disconformidad de manera indirecta, recogiendo
mediante su oficina para asuntos de Hong Kong varios artículos de un periódico
pro-Pekín que ha llegado a advertir de que «quienes opten por bailar con los
estadounidenses» acabarán por «no tener futuro» por mucho «negocio y dinero que
consigan».
Este
mismo viernes, ese diario pidió que se cancele la venta porque «perjudicaría la
seguridad nacional y los intereses de desarrollo de China», algo que viola
«directamente las leyes de Hong Kong sobre la protección de la soberanía
nacional».
A
nivel oficial, los portavoces chinos han señalado que si bien Pekín «no comenta
sobre acuerdos comerciales» sí se opone a «cualquier tipo de presión en las
relaciones comerciales y económicas internacionales», en velada referencia a
Trump.
Sin
embargo, las autoridades chinas tendrían difícil impedir un acuerdo de este
tipo, teniendo en cuenta que el sistema legal de Hong Kong es muy distinto al
que rige en China continental, aunque queda la duda de si Pekín invocará la Ley
de Seguridad que impuso en la excolonia británica para bloquearlo.
Aviso
a navegantes
Por
otra parte, solo el 12 % de los ingresos del conglomerado de Li proviene de
operaciones en China continental y Hong Kong, según Bloomberg, y algunas voces
creen que las críticas de Pekín son sobre todo avisos a otras empresas «para
que prioricen el patriotismo sobre el dinero y resistan a la presión», en
opinión del académico David Zweig, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de
Hong Kong.
«El
mensaje es claro: que las empresas, ya sean de China continental o de Hong
Kong, se alineen con los intereses nacionales. Como ha hecho, por ejemplo,
TikTok, que ha resistido a las presiones para forzar su venta en Estados
Unidos. China quiere disuadir a otras empresas de vender activos importantes y
estratégicos a compradores estadounidenses», comenta el experto al rotativo
South China Morning Post.
Por último, Zweig argumenta que Pekín no puede permitirse el lujo de inmiscuirse en este tipo de acuerdos comerciales, al menos de una manera directa, porque eso podría «complicar sus esfuerzos» para recuperar la inversión extranjera, ya de por sí preocupada por la incertidumbre causada por el aumento de las tensiones entre ambas potencias. EFE
Fuente:
Swissinfo
https://www.swissinfo.ch/spa/la-venta-de-los-puertos-paname%C3%B1os%2C-un-nuevo-pulso-geopol%C3%ADtico-entre-washington-y-pek%C3%ADn/89043903